diciembre 5, 2014 lola

Pautas dietéticas para combatir la ansiedad por comer

Sweet Temptation

 

1. Es primordial hacer cinco comidas al día (desayuno, media mañana, almuerzo, merienda y cena) para no tener la sensación de estómago vacío en ningún momento, de tal modo que no necesitemos comer hasta la saciedad. Debemos aprender a hacer más comidas y menos copiosas, de forma que no pasemos muchas horas sin comer y vayamos acumulando aún más ansiedad.

2. Se ha demostrado que si ingerimos proteínas como parte de las primeras comidas del día, nuestro nivel de azúcar en sangre gozará de un mayor equilibrio, por lo que no estaremos tan expuestos a experimentar bajadas de azúcar que son, como cabe imaginar, las responsables directas de los ataques de hambre. Este aporte proteínico puede proceder de alimentos como el huevo, la carne, el pescado, la leche de vaca, el queso y otros derivados lácteos, así como de las fuentes de proteína vegetal como es el caso del tofu o queso de soja, el seitán, los frutos secos, las legumbres y las leches vegetales (de soja, de almendras, de avena,…), entre otras.

3. A media mañana y a la hora de la merienda, cuando sintamos la necesidad de comer algo, debemos optar por opciones saludables y con capacidad para saciar, como es el caso de los frutos o frutas secas. Los frutos secos (almendras, nueces, avellanas, pistachos,…) otorgan sensación de calidez interna y, por tanto, contribuyen a sentirnos más calmados y a gusto. Las frutas secas, por su parte, son una opción ideal para aquellos momentos en los que sentimos la necesidad de tomar algo dulce. Las ciruelas y los higos secos, los orejones y los dátiles deben ser tus aliados en momentos de debilidad. Pero, cuidado, no debes excederte en su consumo pues, al igual que ocurre con los frutos secos, su aporte calórico es bastante alto.

4. Si tomamos comidas calientes estaremos ayudando a calmar nuestro apetito, así como a sentirnos llenos antes, por eso es bueno que iniciemos las comidas principales con un buen tazón de caldo o puré de verduras.

5. También es importante beber bastante agua a lo largo del día pues, en ocasiones, no es hambre lo que realmente siente nuestro organismo, sino sed. Debemos hidratarnos correctamente, lo cual nos ayudará además a no experimentar una sensación de hambre tan imperiosa.

6. Debemos sustituir los alimentos excitantes como el café, el té y el azúcar refinado, así como todos los productos elaborados a partir del mismo, por opciones más adecuadas como las infusiones de plantas relajantes como la Melisa, la Valeriana, la Pasiflora, la Hierbaluisa, la Tila o la Manzanilla, entre otras, endulzadas con miel o el edulcorante que prefieras.

7. Come con calma, saboreando cada uno de tus bocados y disfrutando de lo maravilloso que es alimentarse adecuadamente. Deja por un momento los problemas aparcados y procura centrarte en el acto de comer.

8. En esos momentos en los que sabes que la ansiedad se ha apoderado de ti, frena tus pensamiento por un momento y respira hondo. Aléjate de donde estés y sal a respirar un poco de aire puro. Deja que pasen unos minutos, mira a tu alrededor y sigue respirando profundamente hasta que puedas pensar con claridad.

9. En el caso de que hayas tenido un ataque de ansiedad y no hayas podido evitar volver a comer de manera compulsiva, es importante que aprendas a no albergar por mucho tiempo en tu interior el sentimiento de culpa, ya que este puede ser aún más dañino para tu bienestar que el haber comido en exceso. Cuando pienses “¿Qué he hecho?”, “¿Cómo he podido comer todo eso?”, debes cambiar el chip y, en vez de quedarte en casa con un sentimiento de culpabilidad enorme, compensa el exceso cometido con una opción saludable como salir a pasear o a correr.

10. Haz de la comida un placer, consigue que sea tu momento especial del día. Disfruta de las sensaciones que te aporta cada alimento. Sé fuerte y valora todo lo que la Naturaleza pone a tu disposición para sentirte feliz y a gusto contigo mismo. No permitas que las malas sensaciones o las emociones mal gestionadas arruinen tu bienestar físico y mental. Recuerda: somos lo que comemos, así como un reflejo del modo en el que lo hacemos.

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