octubre 16, 2017 lola

Dime cómo te alimentas y te diré cuánto te amas

Nuestra conducta alimentaria habla de nosotros más de lo que imaginamos, pues el acto de comer no se reduce únicamente a ingerir alimentos. Cualquier pensamiento, emoción e, incluso, nuestra actitud ejerce su efecto sobre nuestra alimentación.

Cuando nos planteamos seriamente adquirir unos hábitos de vida saludables es porque algo en nosotros mismos nos dice que no vamos por el buen camino. La comida no debería ser un refugio frente a ansiedades, preocupaciones o insatisfacciones. Si comemos sin ser conscientes del valor que los alimentos tienen para nuestro bienestar físico y mental, seguramente estaremos infringiendo la primera premisa de una vida saludable: comer es un acto de amor hacia ti mismo.

Sí, hablo de amor. Una persona que se alimenta adecuadamente es porque se quiere, se acepta y se respeta. Concedernos productos de calidad, sabrosos, bien elaborados y cocinados con mimo llena nuestro organismo de vida, de sabor, de color, de matices. Ahí radica lo bonito y gratificante de este viaje.

Todas aquellas personas que estén sopesando la idea de mejorar su calidad de vida, no solo por tener un mejor aspecto físico -que también-, sino por sentir el placer que origina el hecho de cuidarse, de sentirse saludable, de superar barreras y dejar atrás complejos, de estar en paz y armonía consigo mismo y, por tanto, de alcanzar ese momento en el que ser feliz, han de saber lo importante que resulta realizar una evaluación previa de uno mismo: ¿qué busco en la comida?, ¿por qué como si no tengo hambre? ¿es normal que tenga apetito a todas horas? ¿por qué como con ansiedad? ¿por qué no pierdo peso? ¿por qué necesito disfrutar tanto mientras como? ¿por qué no soy capaz de eliminar ciertos alimentos que no me benefician?

Nuestro estado de ánimo, el aburrimiento, la necesidad de sentirse aceptado, la soledad, la falta de cariño y otras cuestiones de índole emocional y mental suelen encaminarnos hacia la despensa cuando, en realidad, no tenemos hambre física. Nuestro cuerpo no necesita comer, pero nuestra mente y nuestro espíritu piden ser alimentados.

Por eso, es fundamental que cuerpo, mente y alma vayan de la mano. Para ello, sigue siempre las indicaciones de alquien que te inspire confianza y sepa apreciar cuáles son tus necesidades reales. Una vez que consigas satisfacer todas y cada una de las parcelas de tu ser que a día de hoy están hambientas, podrás alcanzar ese estado de reconciliación contigo mismo. A veces, solo se trata de contar con una buena guía, una gran dosis de coherencia y conciencia sobre nuestros actos, aceptación de nuestra realidad y voluntad para mejorarla.

Quiérete, respétate, mímate y empieza a cuidarte de forma paulatina, pero segura.

Tu cuerpo es tu templo.

Tu mente, tu mayor poder.

Tu espíritu, tu guía.

 

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